En Serrella, caracteres tan distintos como la fina y elegante Pinot Noir se une a la autóctona Monastrell en una sinfonía en la que cada uno de los instrumentos de la orquesta añade lo mejor de cada casa. La suavidad, el terciopelo y los sutiles aromas franceses combinan sus notas con la rotundidad mediterránea de la Monastrell; que pone su carnosidad, dulzura y potencia en el momento justo y en su justa medida. Fiel reflejo de una tierra de mestizajes culturales, Serrella consigue unir lo mejor de dos tipos de uvas fundamentales: la seriedad atlántica se une a la alegría mediterránea y el resultado es explosivo.
Color picota cubierto, con una entrada envolvente, suave, femenina. El vino se muestra persistente, largo, largísimo, recordándonos a los grandes vinos franceses.